En 1986 se celebró el mundial de futbol soccer en México. En todos lados se escuchaba: "México 86, México 86, el mundo unido por un balón" A pesar de que hacía unos meses había pasado el temblor que sacudió a muchos estados del país, había entusiasmo por este tipo de eventos y presupuesto público para las obras que mejorarían la infraestructura para el turismo.
La situación en casa se volvía cada vez peor, para mi madre yo era lo peor que pudo haberle pasado y un ojalá no hubieras nacido nunca, de su boca, lo peor que pudo pasarme a mi. Los pleitos entre mis padres, sumado a que mi mamá me hacía ver como una tonta ante mi hermano eran mis llantos a solas. Le pedía a Dios piedad, le rogaba que bajara, que me abrazara. Iba todos los domingos a misa, mi papá, ahora si que religiosamente me llevaba, me decía que al momento de la consagración, cuando el sacerdote tomaba la hostia con sus manos y la elevaba, ese era el momento cumbre de la misa, ahí estaba Dios, presente, omnipotente. "Ahí, niña, ahí es donde debes pedir" Dios mío, te pido por mi mamá, perdonala. Esa fue siempre mi plegaria.
Todo lo que viniera de la familia de mi papá era prohibido para mi. Hubo ropa que me mandaron, quizás juguetes que nunca vi. Ahora que recuerdo, cuando vivíamos en la calle Veracruz, a mis 3 años, mi tía Chalita, me había regalado un perro de peluche color rosa, grande, siempre lo tenía en un sillón y un día de la nada, mi mamá se lo regaló a la hija de la vecina, diciendo que a mi no me gustaba. En fin, viniendo de ellos se iba a la basura. Y así, lejos, con la idea de que ellos eran malos, crecí. Por ello no disfruté los últimos años de mi abuelita Celia, no tuve relación con mis tíos y primos por mucho tiempo.
Mi papá se limitaba a decirme, no eres una hija mala, solo es que tu mamá no te comprende y un día lo vas a comprender. El trato que me daba mi mamá, rebasaba los problemas que había entre ellos, empeorando las cosas. En casa de los abuelos las cosas se tornaban parecidas a la casa y a pesar de Adriana no era un buen sitio, ella también sufría ahí. Anhelaba irme a Guaymas, rogaba por ser internada en la escuela donde estudiaba mi hermana, solo quería estar con ella.

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