martes, 14 de abril de 2026

Ocho años


Un nuevo año, de nueva cuenta en casa de mis abuelos a pasar las fiestas decembrinas. En mi memoria aun está el regalo de navidad; una pulsera de oro. Mi abuelo salió a defenderme. Abundio, ¿Cómo se le ocurre regalarle eso a la niña? Ellos a esa edad quieren jugar, divertirse. Me tomó de la mano y me llevó a escoger lo que yo quería a una juguetería. Escogí algo sencillo. Me sentí la persona más protegida y amada del mundo, mi abuelo fue mi superhéroe, ahora yo tenía un juguete igual que mis primos, aún regresando a Caborca, lo seguí disfrutando. Gracias, abuelito hermoso.

El nuevo año inició con clases de catesismo en el colegio, nos preparaban para la primera comunión. Aprenderse todo sin tener conciencia de lo que significa, ir a confesarse siendo un niño, haciéndote sentir culpable de algo que no sabes siquiera que es. Cosas que cuestiono de la iglesia católica. También acudía a clases de danza, algo que me había llamado la atención desde muy pequeña, solo que jamás fui lo suficientemente flexible para el split y deserté.

Terminé ese año con un diploma por desempeño, un segundo lugar, el primero que gané y el único. Hice mi primera comunión un dos de junio de 1984, mi madrina fue mi tía María del Rosario, mi tía Chalita. Me festajaron en la casa con un pastel y refrescos, fueron mis abuelos y Adriana a celebrar. Para mi mamá todo estuvo mal, un vestido con tela chafa, que mi papá no me había comprado los zapatos, hasta la foto donde salíamos mis abuelos, Adriana, mi tía y yo fue partida a la mitad, borrando para siempre el recuerdo que era mío, que no le correspondía.  Llegaron las vacaciones de verano, otra vez a casa de los abuelos, donde siempre eran quejas entre mi mamá y mi abuelo. "Tu mamá malcría mucho a Adriana" "Esa niña es una grosera, no la tolero" Yo no entendía, solo quería estar con mi hermana, aunque mi mamá me repetía una y otra vez que solo era mi prima y no hacía más que criticarla, de burlarse de su físico.

El regreso a clases, nuevamente al colegio anterior, lo que había conseguido en el colegio Dom Bosco, allá se quedó. Ahora volvía a donde había aprendido a sentirme cohibida, ya las amigas habían cambiado y yo también, ya había pasado un año, ya habíamos crecido y aprendido muchas cosas. Yo me fui ese año y otras niñas llegaron, yo perdí a mis amigas. La vida en casa se volvía más tediosa, los pleitos entre mis papás, se desquitaban con nosotros, gritos, malos tratos, así que me sentaba bien eso de ir de doble turno a clases.


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