martes, 21 de abril de 2026

Mis XV años


Nunca me llamó la atención tener una fiesta de quince años, mi papá me preguntó y yo le dije que no me interesaba.  Me había llevado con una modista a ver las telas y supongo se dió cuenta que nada era de mi agrado. Yo solo tenía experiencia con la fiesta de quince años de mi hermana, la cual se me hizo casi como lo que es un funeral, fue en la casa, sentados en la sala. No hubo misa, que en ese entonces se me hacía lo más importante. Mi tía Rosa nos llevó a la iglesia a dar gracias y de regreso a la casa. Ojalá ella se la haya pasado bien, pues fueron dos o tres amigas suyas. Eso si, me acuerdo bien del pastel con betún de mantequilla, estaba delicioso.

Y pues bien, a días de ese 26 de mayo de 1991, mi papá me llevó a una tienda departamental. "Escoge lo que más te guste, tengo para ti $10,000.00 ¡Un perfume, papá, quiero un perfume! La recomendación fue Laguna de Salvador Dalí. Hasta la fecha lo uso. Un par de blusones, y no se que cosas más al mero estilo de Tatiana que era de mis artistas favoritas de esa época.

En ese entonces yo tenía novio. Quizás el primer muchacho del que me enamoré de verdad. Me encantaba su trato, me hacía sentir bien. Justo el día de mi cumpleaños, mi tía Chalita (que pues obvio no fue, porque familia de mi papá) envió un pastel a la casa, mi papá llevó refrescos y me dijo: Invita a tus amigos. Llegó mi abuelito, mi tía Rosa y mi prima Rossy. No invitamos a mi tía Josefina ni a nadie de su casa, en ese tiempo no la estaban pasando bien. Empezamos a quitar las telarañas, literalmente. Dejamos lo mejor que se pudo la casa. Tomé la bocina del teléfono para invitar a mi novio, alguien contestó. A lo lejos escuché su voz en un grito "No voy a contestarle" Me dijeron que no estaba. Colgué, cerré los ojos, pensé que quizás había escuchado mal. Fui a buscarlo, vivía cerca, nadie abrió. Llegó un amigo, me dijo que necesitaba hablar conmigo. El no va a venir, el ya no quiere andar contigo. Lloré, lloré como una loca, porque de verdad yo le quería, porque yo me sentía bien a su lado. Me tomó los hombros y con su mirada entendí. Me limpié las lágrimas y traté de pasarla bien.

Ni una foto hay del suceso, mis papás ni siquiera estuvieron presentes. Pastel y refrescos, platicas, risas...Ya al final, un par de muchachos que tocaban la guitarra, mi abuelito escuchando. Cuanto lamento no tener ni una foto de ese momento. 

Después de ese día, todo mermó en mi, se me quitaron las ganas de comer, de ir a la escuela. Tan así que hablé con mi papá, ya no quería ir a esa escuela, el accedió. No lucho, no me persuadió, solo puso como condición no pagarme el siguiente ciclo escolar y que me dedicara a ayudarle a mi mamá en la casa, y pues como eso siempre lo hacía, me enfoqué en la iglesia. Pronto llegó un novio nuevo, luego otro y luego otro. Ese último era alguien que simplemente supo aprovechar el entorno donde no había nadie a mi alrededor, seis años mayor que yo, sabía bien lo que quería.

Una tarde, quedamos de vernos en la esquina, no entiendo hoy ni como me convenció ni qué razón hubo para vernos. Mi papá salió a buscarme porque de pronto yo desaparecí de casa. Me subió al carro y al llegar a casa recibí la peor golpiza de mi vida. Como odio recordar ese día, cuanto me lastimó el cuerpo y el alma. Lo odié y esa fue la oportunidad de mi mamá para hacerme a su lado. Y lo peor que pudo pasarme para odiarlo más fue haber golpeado a mi mamá a los días. No se como obtuve fuerzas, lo separé de ella, le dije que era la última vez que golpeaba a mi madre, espero haya sido así. Lo amenacé con denunciarlo. Era un ser vil, malévolo y toda su familia así era. Ahora me veía a escondidas con ese novio, mi mamá estaba de acuerdo, hasta íbamos a su casa. A los pocos meses fue mi primera vez, una primera vez donde yo toqué el botón de mi pantalón y el aprovechó la ocasión. No me di cuenta, todo fue confuro. Ahora entiendo se aprovechó de mi, ahora entiendo era un delito, pero el romantizó todo para que estuviera a su lado. Hoy no veo sentido en nada de eso, es como si mis papás deseaban que me fuera, como si les estorbaba mi existencia. No tardó en volverse su deseo realidad.

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