domingo, 12 de abril de 2026

Cuando se tienen seis años


Recapitulando un poco, solo un poco, porque los recuerdos son muchos y no terminaría nunca de escribir lo que he vivido este medio siglo de vida. De los seis años, recuerdo con mucho cariño cuando terminé el parvulitos, hacían pocas semanas de haber cumplido los seis, teníamos ya un año viviendo en Caborca. Hace poco encontré entre las fotos viejas, aquella donde aparece mi maestra Olga, quien lloró mucho ese día y en la foto aparecen sus hermosos ojos claros vidriosos por la emoción del fin de cursos. Vagamente recuerdo que había una maestra de apoyo. En la foto aparezco con el cabello corto y la maestra Bertha Burrola Morales, entregandome el certificado, la mamá de mi amiguita Judith al fondo.

Me acuerdo que en esa ocasión mi mamá asistió, cosa que hacía muy poco, realmente era mi papá quien se hacía cargo de la escuela y las vueltas que había que dar. Muchas compañeras me preguntaban si ella era mi mamá, les dije que si. Ellas solo decían "Qué bonita tu mamá, María" Yo me sentía orgullosa. Y volviendo a mi cabello corto, tenía poco de haber perdido mi melena. Sin motivo que yo recuerde, mi mamá me llevó a una estética, donde un muchacho me sentó y empezó a cortar. Solo veía mis mechones, aquellos que mi mamá con facilidad los convertía en caireles como los de Graciela Mauri en Mundo de Juguete, le pedía por las tardes que me peinara así. Quizás tuve piojos o se cansó de estarme peinando. Me sentía abrumada, ¿Cómo iba a presentarme así al colegio?, al día siguiente no fui, solo recuerdo que en la noche me acosté llorando, preguntándole a mi mamá si me iba a crecer pronto. Esa noche soñé que me había despertado con el cabello largo, que Diosito se había compadecido de mi.

Después llegaron las vacaciones y nos fuimos a visitar a los abuelos, duramos un par de meses con ellos. Recuerdo que mi abuelito me empezó a decir "la pelona" ay abuelito, si hubieras sabido lo mal que me hacía sentir, de ahí todos empezaron con lo que para mi era una burla. Qué delicados somos a esa edad, susceptibles. Para algunos puede ser una tontería, pero para quien lo resiente, llega a ser algo que no se olvida.

Las vacaciones terminaron y mi papá regresó por nosotros, nos recogió en su Ford Fairmont 1981 que había comprado hacía un año. Me acuerdo que el vecino siempre le halagaba el carro, le preguntaba a qué velocidad manejaba en carretera, entre 80 y 120 km/hr le respondía. Mi papá siempre fue mesurado para manejar. Recuerdo tanto a esos vecinos, era un matrimonio con dos hijos un poco más grandes que mi hermano. Cuidaban de un señor mayor, supongo el papá de la señora. Yo me sentaba en las tardes con el, recordando las tardes que pasaba con mi abuelito, lo sentía como eso, un abuelito, hasta que me pidió tocarlo, me negué, le contesté que eso no se hacía, que mi mamá me regañaría. Entiendo que mi mamá ya me había advertido como cuidarme. A los días el señor falleció, recuerdo mis papás lo platicaron con precaución de que yo no escuchara, pues decían me iba a dar tristeza, "No, no hay que decirle". La realidad, yo ya percibía el señor era una mala persona y no sentí absolutamente nada por su deceso. Repito nuevamente, qué delicados somos a esa edad, susceptibles. 

Regresé a clases, mi hermano ahora iba a secundaria y yo iniciaba mi primer año en primaria. Ahora me daba clases otra maestra, Ana María, seguía siendo una buena alumna, destacada, pero a veces pasan cosas, no entiendo el porqué. Mi mamá inició una amistad con ella, entre sus conversaciones eran quejas sobre mi, no entendía qué ocurría, no lo entiendo hoy todavía. Lo unico que quiero entender, mi mamá desquitaba conmigo su infelicidad, sus sinsabores, quiero creer lo hizo inconsientemente. Yo era una niña mala, así lo hacía ver hacia los demás y yo me la creí muchas veces, algo no estaba bien conmigo, no le hacia caso, quería las cosas al momento, hacía cosas que no me correspondían, mi mamá estaba cambiando, lamentablemente para mal. Mi papá la golpeaba, los gritos en casa se convetían en el pan de cada día. Ella le gritaba cosas que dolían. Toda la familia de mi papá eran malos, el era un pendejo, un inútil.

Pero sabes, María, mi niña de seis años. Eres una niña buena, te lo aseguro, solo que en el mundo de los adultos hay cosas que no se comprenden, cosas que no deberían pasar, pero pasan y nada de lo que ocure es tu responsabilidad. Eres un ser lleno de amor, María, tienes tanto que dar y tarde que temprano todo ese amor lo vas a recibir.

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