1983, seguía en primer año de primaria, la vergüenza se apoderaba de mi, mi maestra sabía que yo era una mala hija. Para colmo, a la directora se le ocurrió la maravillosa idea de informarnos en un lunes cívico de que tenía una poderosa e inovadora cámara en la casa de cada alumno, por ahí nos veía desde la comodidad de su hogar. A la par, mi maestra nos comentaba en clase que a ella le molestaban los niños que se portaban mal con su mamá, mencionaba todo lo que mi mamá le contaba sobre mí. Parece mentira, pero a los siete años (sobretodo en aquellas épocas), uno todo se cree y me fui convirtiendo poco a poco en todo lo contrario de aquella buena y destacada alumna.
Hubo algo que jamás olvidaré, un gesto distinto de mi mamá. Ella siempre festejó mi cumpleaños, siempre en junio ya que salíamos de vacaciones y estabamos en Guaymas. Esta vez decidió festejarme en el colegio. Fue un día después de mi cumpleaños, llevó pastel y refrescos. Gracias mamita, no he olvidado ese día. Se que hacías todos los días un esfuerzo para estar bien.
En ese año era todo un furor un nuevo grupo juvenil de Puerto Rico llamado Menudo, su éxito era tal que sin yo haberlos escuchado antes, a mi papá le recomendaron el disco y me lo compró. Por las tardes era feliz poniendo el disco de acetato: 🎶🎶Súbete a mi moto, nunca has conocido un amor tan veloz🎶🎶 Escuchaba la música que le gustaba a mi papá; Mocedades, José Luis Perales, Sergio y Estébaliz, Trigo Limpio, Alberto Cortéz y en especial escuchaba un cassette que mi papá había comprado por contener El Himno a la Alegría, también venía una canción que considero, fue la primera canción de Rock que escuché, esta se llamaba "Bienvenidos". A mis siete años, nunca imaginé que esa canción a muchos kilómetros de mi, alguien también la escuchaba con la misma emoción.
Poco a poco fui adquiriendo un caracter cohibido, perdí el interés por las amistades que había hecho en la escuela, no se si la situación en casa, si todo lo que mi mamá platicaba sobre mi a la maestra, no se que fue. Mi lugar seguro era ir a casa de mis abuelos maternos, jugar con mis primos, en especial con la que siempre ha sido una hermana; Adriana. Las tardes que llegaba mi tía Rosa con mi prima Rossy, mi tía Lupe con Alejandro "el güero" y Paty, sentarnos a ver televisión y escuchar los éxitos del momento, Rocío Dúrcal, Juan Gabriel, Emmanuel, José José y un jovencito llamado Luis Miguel con su éxito 1+1= 2 enamorados, el programa Juguemos a Cantar.
Ese año, el mes de julio falleció mi abuela partena. Poco traté a mi abuelita Celia, era una mujer muy de su hogar, hecha a la antigua. No estaba muy mayor, pero padecía de sus facultades. La encontraron sumergida en un canal de riego, casi irreconocible, una cicatríz en la muñeca hizo que Óscar Ulloa, médico y amigo de la familia pudiera reconocer el cuerpo. Mi papá viajó a Ciudad Obregón con mi hermano, acompañados de Federico "Lico" Cota, quien vivía en ese tiempo en Caborca. Nunca había visto llorar a mi papá, pocas veces lo hizo.
Mi segundo año de primaria inició en otra escuela, a mi mamá le gustó el uniforme del colegio Don Bosco y se le hizo buena idea cambiarme. Todo era nuevo para mi, nueva escuela, nuevos compañeros. Lo padre era salir e irme a la oficina donde trabajaba mi papá. Aprendí el asdfg ñlkjh de mecanografía, las secretarias del banco me ponían a practicar, también a limpiar las hojas de sus plantas para que lucieran brillantes. Vagamente las recuerdo, a una de ellas en especial, Glenda, que de repente nos visitba en casa, nunca olvidaré un osito de peluche que me obsequió, los duraznos que nos regalaba del huerto de su mamá y una mermelada de fresa deliciosa.
Creo nunca me sentí del todo bien en ese nuevo colegio, pero a pesar de ello volví a destacar academicamente
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