Ya sabía manejar, podía tomar el volante y de vez en cuando sentir libertad. Eran pocas veces que el progenitor me prestaba su auto, no tenía ni licencia, ni dinero para el combustible, pero las pocas cuadras que andaba era un espacio de disfrute, sentir que yo podía hacer algo más que limpiar y cuidar de los niños, me sentía útil, capaz de hacer muchas cosas y soñaba mientras cambiaba el semáforo.
Había encontrado en mi tía Chalita un apoyo, un conforte y nos hacíamos compañía. Con mi mamá la cosa iba de mal en peor, se ausentaba largas temporadas a Guaymas, quizás su intención era cuidar de mi abuelito, pero la realidad era que solo cambiaba de lugar, su depresión y sus enfermedades no le daban para mas. Mi papá cada vez más deprimido, pensando en que le quitarían su casa, pues, ya llevaba algunos años desempleado y no encontraba la salida económica, no tenía ni para pagar la mesualidad del crédito hipotecario.
Yo también me preocupaba mucho por mi papá, había momentos en que pensaba que todos sus problemas y la soledad que tenía lo harían recurrir al suicidio. Mi mamá ya tenía muchos meses fuera de casa y una tarde platicando con el progenitor acordamos algo; proponerle a mi papá reestructurar la deuda e irnos a vivir con el, al fin mi mamá no tenía la intención de regresar. Para mi papá fue como un alivio, "hagan lo que sea, ayudenme, que no se pierda esta casa". Y así fue, me armé de valor y fui a proponer una reestructura del crédito. Nos mudamos a su casa, al fin tendríamos espacio, para jugar, para cocinar, para dormir comodamente. Solo una cosa me pidió mi papá además de lo anterior, que yo me hiciera cargo de la casa. Supongo estaba cansado del desorden de toda la vida, de tanta acumulación de cosas, del polvo.
Empezamos como pudimos, quitamos el tapiz viejo, se pintó una parte de la casa, pusimos un aire acondicionado en nuestra recámara, creo que se notaba un poquito y pudimos hacer más. A mi papá le salió una oportunidad laboral, parecía que todo pintaba bien. Manuel ya estaba en el jardín de niños, todo estaba tan cerca y a la mano.
Un día mi mamá regresó. Nos hizo los días de pesadilla y las noches un infierno, me atrevo a escribir lo que muchas veces pensé, estaba posesa de algo maligno. Realmente eran sus enferemedades, su depresión, quisiera olvidar todo lo que nos hizo, todo lo que nos dijo. Solo quería desaparecer, proteger a mis niños, el progenitor no se atrevía a hacer nada, la solución era irnos, pero tampoco regresar a la otra casa, definitivamente ya no cabíamos ahí. Podíamos rentar, pero no podíamos, ni siquiera pagó las mensualidades del crédito reestrucutrado. Empezó a tener síntomas raros, culpaba a mi mamá y yo le creía. Descubrí que estaba usando drogas, y que buen pretexto para ocultar todo y culpar a mi mamá.
Duramos más de un año así, descansabamos cuando mi mamá se iba a Guaymas, sufríamos cuando volvía, cuando mi papá llegaba y el ya no quería discutir. Creo que nunca debimos tomar esa decisión, no supimos manejar las cosas con mi mamá, no tuvimos apoyo de nadie más.
.jpeg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario