Decir que no recibimos apoyo de nadie más, no es algo meramente egoísta, era más que nada una red de apoyo para ella. Siempre criticados, yo por mala hija y mi papá por mal marido. Me tocó esa parte, ser juzgada, por vivir ahí, porque ella siempre me criticó con los demás, siempre fui ante los ojos de todos como alguien que estaba del lado de mi papá, aplaudiendo lo malo que era el con ella. Mi mamá no tuvo una buena amiga, ni su familia siquiera la sostenía. Tenia convencidas a las vecinas de nuestro mal proceder y cuando dejaban de creerle, simplemente socializaba con otras.
Muchas veces de niña me tocó escuchar como mi abuela le pedía a mi papá, previo a las vacaciones, que no dejara que mi mamá fuera a visitarlos. Mi papá no lo impedía, quizás porque para el era un descanso ella se fuera, yo jamás vi que pusiera límite con eso, ni antes ni nunca. Para mi abuela, mi madre era un dolor de cabeza, alguien que no solo iba de visita sino a quedarse como huésped por varias semanas. Juzgando la crianza de Adriana, de que a ella le estaban dando todo lo que a ella le negaron. De llevar cizaña y entrometerse en un lugar donde ella solo estaba de visita. Mi abuela ya había vivido y tenía la experiencia de los errores cometidos, quizás estaba aprovechando la oportunidad de enmendarse y hacer las cosas mejor criando a su nieta. Ahora ni siquiera estaba mi abuela para mi madre, sus hermanas haciéndose cargo de mi abuelo, sus hermanos ajenos a ella. Y ellos también con la creencia de que mi madre tenía a la peor hija del mundo. Pero ninguno de ellos fue un poco para ella, a pesar de creer que vivía en un infierno, la dejaron arder.
Adriana había llegado a la casa de mis abuelos a los pocos meses de nacida, era hija de un hermano de mi mamá y una señora de la que siempre escuché una versión con tintes de abandono y maldad. En ese tiempo, antes de que yo naciera, mi mamá le propuso a mi papá adoptarla, mi papá al principio se negó, yo suponía que porque ya tenían a mi hermano, pero después cayó rendido de amor por ella, llevandola a registrar como si fuera suya. No tenía nada que entregar como evidencia por las relaciones que tenía con abogados y en el registro civil. Lo que yo sabía es que mi mamá se había embarazado de mi y llevaron a Adriana con mis abuelos.
Justo en ese tiempo donde nos fuimos a vivir a la casa de mis papás y empezó esa lucha de poderes por la casa y los roles en ella, mi tía Chalita a quien ya visitaba frecuentemente me platicó una historia que me partió el alma. Cuando mis papás se llevaron a Adriana con ella, mi mamá la maltrataba. Quizás sentía celos del amor que mi papá le daba, hciendo a un lado a mi hermano, no lo sé. Una tarde, una de mis primas pasó a visitar a mi mamá y ver a la niña. Mi mamá la estaba bañando, a la vez la azotaba a sentones sobre una pileta de lavadero tomándola por el cabello, la niña tenía menos de un año de edad. Mi prima salió horrorizada, mi papá lo supo y decidió llevarla a casa de mis abuelos en Guaymas. Siempre le dolió el hecho, siempre lloró por ella, de ahí le nació rencor por mi mamá, eso me lo dijo el cuando quise corroborar la historia. Ambas cosas me dolieron, haber visto a mi papá llorando como jamás lo había hecho ante mi y saber que mi mamá había hecho eso, negándole a Adriana la oportunidad de integrarla a la familia, de darle amor, de tener unos papás más jóvenes, de tener hermanos, de darme a mi una compañera de vida. A mis 25 años me enteré de ello y me ha dolido siempre. Mi mamá se había pasado una larga temporada en Guaymas y en Hermosillo con mi hermano y mi cuñada. Cuando regresó mi mamá de nuevo, cada que maltrataba a mis hijos recordaba todo lo que sabía que había pasado con Adriana.
Los meses pasaron y Mary ya había entrado al jardín de niños, mi papá seguía fuera y de lo poco que ganaba les había mandado a cada uno un patín scooter. Como lo disfrutaron. Pero parecía que mi mamá odiaba cada risa de mis hijos y eso me dolía. Lloraba en las noches mientras ella reía a carcajadas maldiciéndonos, nos tocaba la puerta a golpes en la madrugada. Mi mamá estaba posesa de un ente maligno; el desamor.
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