miércoles, 6 de mayo de 2026

Los 30


30 años, qué rápido pasó el tiempo, ya 2006. No podía creerque ya tuviera esa edad. Pero aún me sentía joven, aún me sentía llena de vida, con muchas ganas de aprender, de disfrutar, de vivir. Le tenía mucho amor a la carrera que estaba estudiando, tenía hambre por aprender, por practicar en los laboratorios, por convivir con mis compañeros, aunque eran en su mayoría 10 años menores que yo, me adapté perfectamente.

El verano lo aproveché para llevar un par de materias que había reprobado. Iba a pie hasta la universidad y me regresaba a toda marcha hasta la casa. Pronto, con lo que me había heredado mi tía Chalita, le pudimos hacer unas mejoras a la casa. Me sentía orgullosa de haber aportado algo, me sentía útil y estaba convencida de que en unos años iba a terminar mi carrera, tener un buen trabajo y poder hacer más. Una segunda planta en la casa, una recámara para las niñas, una estancia grande con una televisión gigante. 

Es difícil llevar la casa y la crianza de los hijos cuando el papá no ejerce su deber. Yo estudiaba y el tiempo que el progenitor debió estar al pendiente, lo dedicó a no se qué. Nunca vió mis estudios como una inversión, ára el era una pérdida de tiempo, o un capricho mío, no tengo la más mínima idea. Seguía trabajando en la escuela y en las noches en bares por temporadas, pero cuando yo iba a la escuela se desaparecía. Al tiempo salió la razón.

Una noche mientras yo hacía las tareas, sonó su teléfono. Lo había olvidado y contesté. Era una mujer, me hice pasar por su hermana. La intención de la llamada a media noche no era algo de una simple amistad y lo dejé pasar, pero con una sola intención, quería atraparlo en su juego, pues varias veces me había acusado de yo andar con otro hombre.

Realmente me gustaban muchos hombres, pero yo jamás me fijé en nadie, mi vida eran mis hijos, la escuela, ir los fines de semana a visitar a mis papás y ya. No había más, nunca me importó llevar un juego de peligro en mi vida. Pero el seguía celoso del tiempo que pasaba en la escuela, dudando de un saludo, de mis conexiones a internet. Una tarde que dejamos a los niños con su mamá, me exigió decirle "la verdad" Me gritó tanto, sentí que mi vida estaba a punto de terminar. "¡Dime quien es, dame el nombre, yo se que te estás metiendo con otro! Y no, mi vida no terminó, pero si lo poco que yo sentía por el. 

A los meses, las cosas no estaban bien, en lo económico, ya teníamos varias mensualidades atrasadas de la casa. El progenitor había sufrido un accidente y de ahí se valió para seguirse de largo con eso. Diariamente me tocaba la puerta un abogado, el asunto era pedir el pago o la devolución de la casa. Pensé era una buena oportunidad, ponerlo a prueba o definitivamente dejarlo. Pensé que si realmente quería estar con nosotros el debía sacar adelante la deuda y recuperar la casa, podía vender la otra casa, podía hacer lo que fuera, pero no lo hizo. 

Seguí efocandome en mi escuela, yo quería ser una profesionista, yo quería tantas cosas a los 30 años.


No hay comentarios:

Publicar un comentario