La edad de Cristo, 33 años. Seguía trabajando, enfocada en terminar las materias que debía de la universidad y buscaba también la manera de hacer una tesis, de titularme. Ya tenía un novio, que si bien no vivía en la misma ciudad, estaba al pendiente de mi. A veces yo iba y otras el venía a verme. La vida continuaba bien, o al menos eso creía yo.
Operaron a mi mamá, todo había salido bien, estuve al pendiente de ella. Hice lo que pude por ella, salió adelante. Seguí visitandola los fines de semana, ahora ella era más pacífica, aunque siempre se quejaba del lugar en donde estaba, le hacía ver que no podía tenerla conmigo, que no tenía un lugar propio donde estar y no le quedaba más que resignarse. Nunca me preguntó por su casa, ni por sus plantas, creo que en mucho tiempo yo no regresé a esa casa.
En junio nos dijeron en el trabajo que estaríamos ausentes por un brote de gripe aviar. Me fui a Hermosillo a pasar esos días con mi nuevo novio, toda una semana, lo cual fue el inicio de una tortura que no quise ver, porque sentía que estaba enamorada, porque me hicieron creer que me querían, porque no me veía en el mundo sola y ya tenía el corazón roto porque mis hijos no querían estar conmigo. En esa relación había muchas señales, el tampoco era el indicado.
El venía de un matrimonio con infidelidades por parte de la mamá de sus hijos, me la describió como la mujer más puta de la historia. Los hijos menores ni siquiera eran suyos. Y mi débil y compasivo corazón no se resistió más que a tener pena por el y creer en sus palabras, construyendole una falsa imágen de hombre bueno.
A los meses me quedé sin empleo y una tarde fui a imprimir mi currículum, tenía urgencia de empezar de inmediato, no podía quedarme sin trabajar. Escuché que la dueña del lugar necesitaba a alguien, así que tomé uno de los currículos y se lo entregué, le dije que estaa a la órden y podía empezar de inmediato. Sin más, esa tarde ya tenía trabajo. No estaba muy contenta, pero era lo que había, tenía acceso a internet todo el día y había momentos donde no se paraba una sola mosca, así que me sentaba bien por el momento.
Todavía tenía tres materias pendientes, sin embargo no podía pagarlas, el sueldo que tenía en aquel cyber café, no era lo mejor, apenas alcanzaba para lo necesario. Pero era feliz, de pronto Mary volvía a la casa, intenté retenerla muchas veces.
El 17 de diciembre nos llamaron, mi mamá se había desmayado, la habían llevado al hospital. Había sufrido un infarto. Mi papá se hizo cargo de ella todos esos días en el hospital, cada tercer día ibamos las niñas y yo a visitarla, al parecer iba evolucionando bien, pasamos la Navidad visitándola, no recuerdo si celebramos en casa, no recuerdo mucho de esos días, solo que yo iba a trabajar, solo que la rutina se hacía más pesada por tener a mi mamá interna.
La mañana del lunes 28 de diciembre, con un alta ya preprogramada, nos llamaron para informarnos que había fallecido. Fue una noticia impactante, pues esperabamos ir por ella ese día, ya habíamos platicado incluso de llevarla con nosotros si era necesario. Hubo una misa, un entierro por demás solemne, nadie le llevó flores, a penas y mi papá cortó unas bugambilias, porque no había dinero ni para eso.
Me dolió, claro, bastante. No ha habído desde entonces un solo día que deje de pensar en mi madre, de lamentar que no estuve con ella su último día, de pensar hoy en todo lo que ha cambiado mi vida, en lo que he podido construír y a ella no le tocó ver, que no pude darle nada. Pero tambén fue un descanso para mi, un descanso emocional, sus enfermedades mal atendidas apagaron su vida en vida hasta llevarla a la muerte, ese 28 de diciembre de 2009.
No se ni como se me ocurrió, pero nos fuimos a Hermosillo mis niñas y yo a pasar los primeros días del año con mi novio, se que ellas desde el inicio se dieron cuenta que no era el indicado, pero respetaron por sobretodo lo que yo pensaba y sentía.
Continué trabajando, buscando la manera de terminar la universidad. Seguíamos viviendo en la casa de mi tía, hasta que n día me propuse ir a la casa de mis papás, compré todo para limpiarla, había la oportunidad de irnos nuevamente ahí, pero mi papá no quería, a el le daba tristeza, le daba quizás vergüenza de volver ahí, donde tantos malos momentos vivímos.
Regresé a los días, todo lo que había comprado me lo habían robado, alguien entró a la casa, los espejos estaban estrellados, las televisiones, no había signos de que las puertas hubieran sido abiertas. Había sido el progenitor y su nueva pareja, me lo dijo una vecina. ¿Por qué? Nunca he entendido. Acordamos que quizás era mejor vender la casa, fue mi propuesta, mi papá aceptó, el no tenía voluntad para hacer nada por su casa. Así que sin más puse un anuncio de venta y fue la última vez que fui a esa casa.

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