viernes, 22 de mayo de 2026

46


Cuando cumplí 46 mis hijas me festejaron en casa, me trajeron flores y pastel, Adriana me envió flores. A unos días de cumplir 46, un 31 de mayo de 2022 me llamaron de la última vacante para la que me postulé. Había sido seleccionada, no lo podía creer. Justo había pedido vacaciones en el empleo actual y pensé que mientras no hubiera nada firmado, no tenía que decir ni explicar nada. Mi ingreso sería el 13 de junio, así que una vez firmado todo notifiqué a la empresa anterior. Ahora todo mi enfoque en conocer, aprender y hacer todo lo mejor que se pudiera, era la oportunidad que le estaba pidiendo a Dios.

Al inicio fue difícil, pues todo era nuevo para mi, luego dejar a mi papá en la guardería, ir por el y todos los roles; ama de casa, esposa, hija, madre, abuela y ahora un trabajo de mucha inversión de tiempo, era una locura. Los fines de semana eran pasarla en casa, nos seguíamos cuidando, seguía la pandemia. Veíamos películas, cocinábamos, salíamos un poco más, tratando de sobrellevar la vida, con la demencia de mi papá, con mi climaterio, con los trabajos tan exigentes de tiempo. Seguíamos yendo a correr, recibíamos visitas, hacíamos lo más que podíamos para estar bien.

Me encantaba el trabajo, pues me estaba yendo bien y me daba la oportunidad de mes tras mes ver a Manuel y a Oliver, que cada vez me sorprendía como estaba creciendo y a la vez padeciendo la mala relación de sus papás, los problemas personales y de pareja, Ese año Adriana me invitó a un concierto de nuestro grupo de la infancia, Flans. La pasamos de lo mejor.

Llegó la Navidad y Adriana vino a pasarla con nosotros, esa Navidad mi papá la pasó muy contento, cantó, bebió, tenía ganas de darle algo bonito, creo que lo cumplí. 

El 2023 llegó y empezamos a socializar más. Los reportes de la pandemia indicaban que las vacunas estaban cumpliendo su efecto, la tasa de mortalidad bajó considerablemente. En mi primer viaje a Obregón, recibimos la visita de Bety, mi amiga de la Ciudad de México, también en ese viaje tuve la oportunidad de ver a mi amiga Carolina, una amiga del bachillerato que no veía desde hacía 20 años.

En febrero fui del trabajo a Cancún, nunca había ido a ese hermoso paraíso, viví experiencias únicas, me tocó asistir a una función del Cirque du Soleil, algo maravilloso. Convivir con mis compañeros, hacer amistad con algunos. Realmente nunca me había sentido que encajaba tan bien como en ese empleo.

De pronto salíamos en familia, de pronto paseábamos a mi papá, de pronto un día la vida se puso tan pesada que decidímos que se quedara de planta, ya no sería guardería, se quedó de lunes a viernes. Me dolía mucho verlo mermarse, pero yo también necesitaba seguir trabajando y hacerme cargo de mi, porque ver a los papás envejecer y estar enfermos es un duelo y duele y te enfermas y no vuelves a ser la misma persona.

Me había enterado que mi tía Josefina estaba viviendo con mi prima Machita, y que para ella era difícil, entonces le llamé, quería decirle que aquí estaba yo, con el mismo tema, viviendo una situación igual de triste y lamentable, la pude confortar pero escuché algo en lo que pude reflejarme. Sacó todos los traumas de su infancia, algo que ella no había repetido, pues mi prima tiene una familia muy bonita, un matrimonio ejemplar. Me di cuenta que, ella a sus casi 65 no solo tenía una situación parecida a la mía, sino mucho dolor de la infancia y pensé que no quería estar asi a su edad, así que busqué ayuda.

Inicié una terapia, la primera vez fue llorar y conforme avanzaba comprendí que todo lo vivido me iba a acompañar toda la vida, pero que era mi responsabilidad aceptar, comprender y continuar. Que podía darme lo que me había faltado, aprendí a admirarme, a ver todo lo que había hecho sola, a pesar de tanto dolor, de tantas humillaciones, de tantas personas que se han burlado de mi, de quienes decían que yo no podía hacer nada, de que muchas de esas palabras venían de personas importantes para mi, no debía tomarme nada personal.




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