Vivimos lejos de todo nuevamente, apretujados, incómodos, encerrados en cuatro paredes, no era lo mismo, ya había una niña en pubertad, en cualquier momento empezaría a menstruar y yo no podía concebir seguir dormiendo todos en la misma habitación. Ellos necesitaban su espacio y nosotros el nuestro. Le comenté al progenitor la posibilidad de comprar una casa, algo que pudiera pagar, ir a elegir una casa así como aquella vez, pero ahora no vendría nadie a convencerlo de cambiarla. Algo que nos gustara a los dos, así como toda la gente ir a escoger tu nuevo hogar.
Ahora ir a la escuela era más complicado para todos, pero aún así no dejamos de cumplir con ese deber, yo deseaba con el alma tener mi certificado de bachillerato. Un día, leyendo el periódico encuentro un anuncio. "Ceneval invita a la comunidad a acreditar su bachillerato con un examen". Le comenté a mi tía Martha, la cual accedió a apoyarme con el pago, nada accesible en 2003, pero me inscribí, estudié y acredité. Eso me dió pie a pensar en algo más que podía hacer.
Con 27 años y una vida interrumpida por mis malas decisiones, no tenía idea de qué podía estudiar. ¿Derecho igual que mi papá? ¿Químico como soñaba cuando era niña? Me paseé por varias universidades, intenté también estudiar en linea y de pronto viendo las diferentes licenciaturas encontré algo que sentí se acomodaba por estar en la ciudad y lo que podía aprender. Licenciatura en Tecnología de Alimentos. Ya había pasado el semestre de inscripciones, así que esperé un poco más para presentar la solicitud al examen.
Pasaron los meses y después me presenté al examen, en 21 días publicarían los resultados. Pacientemente esperé y cuando revisé, simplemente no lo podía creer, sentí que el mundo era mío, que yo tenía toda la capacidad de estudiar, de ser alguien, de no ser la única en la familia sin un título universitario, yo podía. Ahora se que siempre pude, solo que había que esperar un poco a que mis hijos fueran a la escuela, a tener tiempo para mi. A las madres la vida se nos pone difícil, tenemos que frenarnos, dejar a un lado nuestros sueños, ponerle pausa a nuestra propia vida para criar. La sociedad no está preparada aún para ser un soporte para las madres, falta mucho.
Me había enfocado tanto en mi, quizás también me servía para aliviar el dolor de que mi madre nos hechara de la casa. Un día el progenitor llegó, me dijo que tenía que ir a ver a mi mamá, que no estaba bien, que estaba arrepentida y que quería que volvieramos. Me negué, pero aún así regresé a verla.
La encontré en los huesos, deprimida, arrepentida, me suplicó por volver, pero mi orgullo fue mas y solo me encargué de visitarla diario para dejarle su comida. Así fue durante mucho tiempo, era ir diario y me quedaba lejos y me dolía mucho. Y sigo confundida con ese tiempo, me duele recordar, inevitablemente brotan las lágrimas, por lo que fue, por lo que pudo haber sido. Solo recuerdo que alguien pasó por ella, yo de pronto iba solamete a regar sus plantas, no me quedaban ganas siquiera de entrar a la casa.
Mi tía Chalita se puso mal, se la llevaron a Hermosillo, mi papá se quedó solo en su casa, ahora era ahí mi lugar seguro.
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