viernes, 15 de mayo de 2026

39, la vida me sorprendió


En mi cumpleaños 39 llevaba 15 días yendo a caminar, era mi momento de reflexión, de estar conmigo, sin embargo no lo conseguía, solo le daba vueltas a lo mismo; los problemas que tenía con el novio, cosas que no vislumbraba y sucedían y  me estaban volviendo loca. También me preocupaba mi peso, había puesto como meta llegar al 11 de agosto y si en tres meses no veía cambio, haría otra cosa.

A las semanas de haber empezado, mientras recorría el circuito, se acercaba corriendo un hombre a gran velocidad, reflejaba mucho cansancio pero también compromiso con esa actividad. Se me ocurrió levantarle la mano en señal de motivación por su esfuerzo y me devolvió el saludo. Cuando terminé mi recorrido estaba ahí y se presentó conmigo, me preguntó si yo no corría y le di los mil y un pretextos y simplemente me dijo como iniciar. Yo no se que habrá sido, pero cuando lo vi corriendo sentí algo, un algo inexplicable, como si lo reconociera de alguna otra vida, es la única forma que tengo de explicar esa sensación. Nos despedimos, me dijo que el iba casi todos los días.

Al día siguiente al bajarme del carro, lista para mi caminata, lo vi. Estaba con dos muchachas, algunos veintitantos y sentí ¿celos? Me sorprendí tanto de ese sentimiento, en verdad que me impactó en ese momento mi reacción. ¿Quién era yo para enojarme por una situación así por alguien que ni siquiera conocía? Nos saludamos de lejos. Al día siguiente trotó todo el circuito a mi lado, y así se fueron los días, caminando, platicando, conociendonos.

Me sorprendía pensando en el y en uno de mis viajes a Obregón, simplemente me di cuenta que me gustaba. No era un hombre atractivo, incluso algunos años mayor que yo. Pero me gustaba. Fue presentandome a sus amigos, con los que corría y pronto me sentí incluída en ese grupo, sentí algo que a mis 39 años nunca había sentido, algo que ni el progenitor ni el novio me habían hecho sentir.

Una tarde, platicando con la cuñada del novio me dijo que ella no entendía como yo aguantaba la situación, que veía como el no me daba mi lugar y entendí que con Marco yo tenía un lugar y me fui sintiendo más cómoda con el, el único problema es que el tenía una pareja y ella era más joven que yo, más atlética y practicaba de buena forma con el. Yo convivía con ella y mi novio convivía con el, yo reprimía mis sentimientos, pues no había manera de otra cosa más.

La mañana de un fin de semana me había quedado sola y se me ocurrió marcarle al novio, pensaba proponerle salir, el teléfono sonó en otra habitación y teniendo el teléfono en la mano, obviamente revisé sus conversaciones. Me sentí tan humillada, tan asqueada, lo que había encontrado era motivo suficiente para echarme a llorar. Tenía conversaciones con una exalumna, pidiéndole que se mastrubaran juntos, había fotos de ella. De pronto el sentimiento se frenó en seco, me di cuenta que yo ya no lo quería como hombre.

Cuando regresó, lo enfrenté, lo negó, lo aceptó, me pidió perdón y ya nada fue igual. A pesar de todo eso quise luchar, el qué dirán, el no saber que hacer, el haber bautizado a mi sobrina juntos  unos meses atrás, el haberle creído que yo no era suficiente para poder vivir sola, comprarme una casa, todo me acobardaba para tomar la decisión de irme.

Inició el 2016 y mi vida continuaba igual, no encontraba como dar el primer paso. Pero mis días se llenaban con ver a Marco y pronto lo empecé a invitar a comer, se fue haciendo algo de un par de días a la semana a todos los días, a los fines de semana y uno de esos días sin más nos besamos. Pareciera yo era una adolescente, me sentí mal, me sentí infiel, me sentí enamorada, me sentí acorralada porque yo vivía con otra persona. Inevitablemente no nos soltamos más, inevitablemente una noche me fui a meter a su cama.

Al día siguiente saqué todas mis cosas de la casa del novio, mi hermano me ofreció irme a su casa. Inicié un noviazgo muy bonito con Marco y a los meses nos fuimos a vivir juntos. Mary vino a verme y a conocerlo, cuando Mariana lo vió lo tomó de la mano y lo llevó a jugar con el, ella también eligió a su abuelo. Después Melina y mi papá lo conocieron, luego Manuel. Con Marco cerré mis treintas e inicié una hermosa etapa de mi vida.

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