Los 42 llegaron con señales que no vi en su momento. Cuando no se cuenta con una red de apoyo suficiente, cuando no tenemos con quien platicar sobre los problemas, estos se hacen invisibles ante nuestros ojos. Estaba entrando en el climaterio y a la par mi papá tenía pérdidas de lucidéz, un miedo terrible a padecer alzheimer al igual que sus hermanos y sus padres. Yo cada vez me volvía más intolerante y el cada vez más tímido. Asociaba todo eso a una normalidad, pero no era así. Las cosas estaban cambiando, la vida estaba cambiando.
Con Marco todo era bonito, teníamos poco más de un año de casados. nos gustaba salir los fines de semana a conocer lugares nuevos para los dos, de pronto nos llevábamos a mi papá, sobretodo cuando venía Mary con Mariana. Me gustaba llevarlo a comer, a pasear, pero no me daba cuenta lo mucho que extrañaba su ciudad, a sus amigos, nunca me lo dijo. Es duro darme cuenta de que mi papá envejeció ante mis ojos y aunque me di cuenta, no lo asimilé. Es duro recordar como se preocupaba por el tema de su casa, la cual no le pagaban, vivía esperanzado de que pronto y le pidió apoyo a un abogado que le prometió ayudarlo.
A final del verano apareció alguien y mi hija me aseguró estar enamorada. Nunca creí en ese amor, me parecía un juego hábil de seducción y se lo dije, sin embargo cedí, porque me refirió que siempre tenía objeciones, así había sido con el papá de Mariana. Quise convencerme de que esta vez era diferente, ya era mayor de edad, ya no dependía de mi, solo me quedaba aconsejarla y estar al pendiente de ella, solo le pedía a Dios que fuera feliz.
Ese año Melina terminó su universidad, me llenó de orgullo, saber que mi niña había podído con tantas cosas al mismo tiempo y concluyó su carrera universitaria.
La Navidad la pasamos en casa, vino Adriana con su familia, Mary con Mariana y ese hombre que vestia una piel de oveja. La pasamos bien, pero algo no me terminaba de convencer. Dejé pasar mis sentimientos por la felicidad de mi niña. El 28 de diciembre adopté a Irene, mi perra, quien ha sido una buena compañera desde entonces. Cabía en una caja de zapatos, nunca pensé que crecería tanto. Así, terminó el 2018 y nos quedamos solos en casa, en calma.
Continué viajando, viendo a mis nietos, a mis hijos cada mes, eso me agradaba, me sentía plena de verlos a todos aunque fuera así, cada mes. Un 10 de mayo llegó Mary, a pasar el día de las madres conmigo y a enterarme que sería abuela por tercera vez. Nunca imaginabamos lo duro de esta maternidad, todo lo que pasaría en adelante.
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