En todo el mundo la situación era complicada, muchas muertes cobraba la pandemia por COVID-19, los científicos trabajaban a marchas forzadas para encontrar una solución, se necesitaba de algún fármaco contra ese virus, alguna vacuna. Los hospitales parecían zonas de guerra, no había camas suficientes, los hospitales públicos y privados estaban rebasados. Un virus que no hacía distinción de absolutamente nada. Todos los días se presentaban los casos nuevos y el número de muertes. Seguíamos en casa, cuidandonos, poniendo el mayor de los esmeros en no contagiarnos, teníamos miedo de que mi papá enfermara. Creo que estaba entendiendo que mi papá ya era una persona vulnerable, un adulto mayor de 80 años.
Seguía corriendo, pero hasta para eso había restricciones en la calle, todo el mundo debía estar en casa, nos teníamos que esconder para sumar los kilómetros que me había prometido iniciando el año.
La tarde del 08 de agosto de ese año llegó Fito, mi gato. Curiosamente tenía ya un tiempo queriendo un gato y esa madrugada soñé que tenía un gatito conmigo. En la mañana, limpiando la casa escuché el maullido de un gatito, no lo encontraba. Estaba en el callejón, maltratado. Lo metí a la casa y encontró un hogar, desde entonces ha sido un compañero, amado y muy mimado. La Irene tardó mucho en aceptarlo, pero cedió, aunque ha sido una relación compleja, se sabe uno del lugar que tiene en la casa el otro. Ellos fueron un alivio al encierro, mi consuelo en la nula comprensión de lo que le pasaba a mi papá, de mi climaterio, de mi soledad.
El 23 de julio se fue el abuelo de mis hijos, víctima de COVID-19. Descanse en Santa Paz.
Marco regresó a trabajar y yo no tenía para cuando. El trabajo que tenía era estar un par de horas en la computadora, algunas llamadas, estar al pendiente del teléfono todo el día. A pesar de eso me estaba yendo bien. Solo era el tedio de no hacer mucho. Cuando inicié en ese empleo, era la primera vez después de mucho tiempo que no tenía trabajo en campo, era más de oficina, hasta llegué a pensar que ahí me iba a jubilar.
Mis hijas, Mariana y Osmar, vinieron antes de Navidad. El preciso día de Nochebuena la pasamos solos, con mi cuñada Adriana y mi papá que cada día dormía más y cada noche dormía menos.Terminó el 2020, la incertidumbre de cuando iba a terminar todo. Cada vez más muertes, cada vez más miedo. Pude cumplir mi meta y corrí un total de 2021 kilómetros.
Inició el 2021, las actividades poco a poco se normalizaban, pero con las muchas precauciones que la pandemia requería. Los casos junto con el miedo se incrementaban. Afortunadamente la tan esperada vacuna, el primero en recibirla fue mi papá, el más vulnerable. Dí gracias a Dios por tenerlo conmigo, por que ya tenía esa protección, porque con eso el tenía más seguridad y yo me sentía más tranquila.
Al poco tiempo llegó Melina a vivir con nosotros, llegó buscando nuevas y mejores oportunidades, su compañía era un alivio para nosotros, sin embargo su abuelo empeoraba, no entendíamos bien que sucedía.
Un par de meses después llegó Mary, llegó con su carro lleno de cosas, llegó inesperadamente, llegó huyendo, llegó a casa.
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