sábado, 23 de mayo de 2026

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Uno de los fines de semana que mi papá se quedaba en casa, se despertó asustado, gritándole a Marco. Fuimos a atenderlo y me dí cuenta que mi papá se desorientaba, lo ví tan mal, no sabía donde estaba. Pasaban muchas cosas en torno a el, a nosotros. Había pensado en dejar de trabajar para cuidarlo, a la vez sentía mucha tristeza, por fin me sentía segura en un trabajo. Tomé una de las decisiones más difíciles de mi vida. Me sigo juzgando, pero decidí dejar a mi papá de planta en el asilo. Yo tenía que continuar con mi vida y el necesitaba los cuidados que yo no podía darle.

Me enfoqué en trabajar y trabajar, a visitar a mi papá los fines de semana, a sentir angustia al llegar a verlo e irme con el alma dolida. Había veces que el entendía y otras que no, era una opresión en el pecho que aún me dificulta respirar. Los domingos recibir la visita de Mary. El verano de 2023 nos fuimos Marco y yo con nuestra amiga Bety de la CDMX a recorrer Michoacán.

El tiempo transcurría, viajando a Obregón, viendo a Oliver y a Manuel, enfocada en dar lo mejor de mi en el trabajo, siendo puntual, honesta, así como me enseñaron mis padres. Me iba bien, había hecho mejoras en la casa. Mariana y Osmar cada vez más grandes, disfrutandolos los fines de semana. Ese año, Oliver entró al jardín de niños.

La Navidad la pasamos en casa, sin mi papá, la demencia lo volvió agresivo, tomó un miedo y un odio hacia Marco que me dolía mucho, a el también. Ya era imposible tenerlo en casa. Inició el 2024 y mi papá me manifestaba no sentirse bien, el lugar no era lo mejor, pero era lo que había, lo que se podía pagar, el único que se ajustaba a nuestras necesidades y donde lo aceptaban. Porque a los adultos mayores no los reciben si no están funcionales en ninguna institución. Algo que yo no encuentro lógica, pero así es, tristemente, así es. Me puse a buscar en todas partes algun lugar donde poderlo llevar, en todas, la respuesta era no y aunque encontramos un lugar donde si lo aceptaban, era lejos y la única condición era que no fuera agresivo, así que me puse a reunir todo lo necesario para su ingreso.

En febrero del trabajo nos llevaron a Cuba, a la hermosa y paradisiaca isla. Una bella experiencia, conocí Varadero, conocí la Habana... si, muy bonito viaje de trabajo, pero duele la pobreza, duele el olvido, duele ver a la vieja Habana, sin embargo deseo volver algún día.

Las semanas pasaron y un 10 de mayo aprovechando que me habían dado el día en el trabajo, me propuse llevar a mi papá a hacerse estudios para reunir todos los documentos para el ingreso de mi papá al asilo nuevo. Sin embargo, su demencia, su confusión lo pusieron muy agresivo y optamos por no continuar con el trámite y tuvo que continuar donde estaba, no quedaba más.


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