viernes, 8 de mayo de 2026

32

 Llegar a los 40 kilos, no era para menos. 32 años, separada, sin experiencia en nada, sin un ingreso y sin haber podido entrar al último semestre de la universidad porque a penas y alcanzaba para el diario. Mis sueños se esfumaron, como un apagón. Mis compañeros terminaron las materias y yo me quedé en casa, con mi papá, con mis hijos en una etapa difícil, sin casa, sin una cama, viviendo de la caridad del progenitor, lo que mi papá llevaba y lo poco que me quedaba. 

Me enfoqué en buscar empleo. Una tarde entré a un cyber café para entrar a internet a las páginas de empleo. Nada, absolutamente nada. Así tarde a tarde me esforcé por pagar un par de horas de internet y mejor opté por contratar un servicio.  Y pues como el ocio es la madre de todos los vicios, me sumergí al mundo bloger. Al inicio veía como mucha gente tenía un blog, como había blogs para todos, de todos los temas y muchos llevaban su diario, compartían su vida, sus fotos. Ese mundo me encantó. Fue así, como nació seisenpunto.blogspot.com 

Era un lugar para sacar el estrés, escribir mi día a día, aprender sobre las redes sociales. Me cree un perfil, de pronto había gente que se acercaba a comentarte, a apoyar tu forma de pensar, todo eso me dió una sensación de compañía, algo que me hacía mucha falta en ese momento. Empecé a escribir para otros blogs, compartir cosas, y algo muy bonito que conservo hasta hoy, hice amigos. Amigos a quienes llegué a conocer y saber que no todo es malo en la web.

Pronto conseguí un empleo. Nada importante, era en la oficina del sorteo de una universidad, en ventas. En este mundo se vende de todo, pero no todas las ventas son para todos y esta era una de esas cosas que a mi no me gustan. Me aguanté porque de ninguna otra parte me llamaron. Por fin tenía dinero y no estaría batallando en comprar los uniformes de mis niños. Entré a la universidad nuevamente, tomé pocas materias porque el trabajo no dejaba, no podía hacer más. Mi vida era tan simple como tomar clases muy temprano, irme al trabajo, regresar a la casa, ir a clases nuevamente, tareas, comida, hijos, visitar a mi mamá los fines de semana y por supuesto, dedicarme a leer blogs, chatear con mis nuevos amigos virtuales.

Pronto me convertí en alguien que hasta hoy admiro, una joven de 32 años, segura de si, proveedora en casa, estudiante y bonita. La verdad algo ocurría en mi, veo mis fotos de esa época y se veía un brillo especial en mi mirada. Supongo era el descanso del progenitor, el descanso de saber que mi mamá estaba atendida, de poder vestirme con ropa nueva, usar tacones, poderme dar gustos y poderle dar uno que otro gusto a mis niños. Ese brillo lo estaba viendo el progenitor y empezó a rogarme por volver, cuando vió que no había manera me amenazó con quitarme a mis niños, que lo haría con la mano en la cintura. 

Manuel se fue. Pensé que si, que en efecto le hacía falta su papá, pero a el no le hacía falta su hijo. Era un pretexto para entrar a un ambiente permisivo, donde hizo cosas que tardé años en saber, un estilo de vida ajeno a mi. Y yo no veía nada malo en el, pues para mi era mi hijo. Si he cometido errores este ha sido de los peores, confiar en el progenitor. Me he arrepentido mucho de haber soltado a mi hijo. Después fue Mary. Lloré, sufrí. Me sigo arrepintiendo de haberlos soltado, de creer en su papá, de ni siquiera pensar que algo malo podría pasar, porque en mi mundo no había nada malo.

Aun así, con el alma en duelo, porque mis niños preferían estar con su padre, seguí, no me rendí, continué estudiando, trabajando, haciendo lo que podía. Melina era mi todo, me sentía soportada por ella, quien ya había entrado a la preparatoria. Ella era el único sostén emocional.

De pronto, un día cualquiera conocí a alguien en internet. Charlamos por meses y de pronto un día le propuse vernos en el Carnaval de Guaymas. Lo conocí un par de meses de cumplir los 33, ya no quisimos separarnos. Pensé que había encontrado el amor.

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