martes, 12 de mayo de 2026

36


Cumplí los 36 pensando en lo rápido que se había ido el tiempo, ya me estaba acercando a los 40. Me traje a Mary a vivir conmigo, tenía un novio estaba ilusionada, había dejado la escuela y aquí haría que se dedicara a estudiar. Estaba feliz, dedicada a ella, sabiendo que podía aspirar a estudiar, trabajar, hacer algo de provecho y lo estaba logrando, lo estaba haciendo bien.

Los problemas con el novio se incrementaron, había discusiones. Eramos personas muy distintas y con el tiempo me fui dando cuenta que la infidelidad de su ex esposa no había surgido de la nada. Estuve a nada de dejarlo una tarde, pero me venció el miedo a lo desconocido, a no saber qué hacer, sola, con mi niña en Hermosillo, no quería regresar a Obregón, no quería perder el trabajo que tanto me había costado conseguir. Qué error tan grande cometí, debí haber dormido en cualquier lugar, empezado de cero, sola con ella, creo que hubieramos hecho cosas importantes y quizás ella no hubiera cometido los mismos errores que yo.

Pasé muy bonito tiempo mientras mi niña estaba conmigo, era mi fortaleza ante la pena de mi fracaso. Pero un día, se me fue, un día ya no quiso estar conmigo y a pesar de mi tristeza, entendí. No tenía un espacio, no era feliz, lo lamentable se había ido por el novio, lo lamentable era que no siguió estudiando.

Me quedé sin empleo pero llegaron incentivos que me ayudaron a sobrellevar los gastos. Pronto llegó una muy buena oportunidad para crecer laboralmente.

Llegó la Navidad y regresé a Obregón, fue la última Navidad que pasamos todos juntos; mi papá, Melina, Manuel, Mary y yo. Cenamos juntos, como valoro ese momento, Melina nos cocinó y hasta postre nos hizo. Gracias por ese momento, Dios. Lo llevo en mi corazón.

También el año nuevo fue el último que pasé con mi Silvia, mi querida prima. La pasamos las niñas y yo en su casa, con mi querida tía Josefina.

Regresé a Hermosillo, pensando en que quizás la distancia entre el novio y yo ayudaría a mediar las cosas, pero los problemas seguían. Pronto propuso la compra de una casa, la cual obviamente sería solo suya, nunca me propuso más, no había interés de formalizar la relación y esa era otra señal para irme, pero no lo hice. Pensé que quizás, con el tiempo, pero el tiempo nunca llegó.


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