Llegó mi cumpleaños número 28 con dos buenas noticias y una muy mala. El progenitor y yo fuimos a ver una casa y le aceptaron el crédito, era casa era muy bonita, no tan pequeña, con una buena distribución, cerrada, en una buena zona, había parques, estaba mucho mejor el ambiente. Ya pronto nos cambiaríamos, ya pronto estaríamos mejor.
La segunda noticia buena es que ya podía ingresar en el verano a la universidad, me inscribí a la Licenciatura en Tecnología de Alimentos, faltaban unos meses para ingresar y eso me daba mucha ilusión, me ponía a pensar en mi futuro, en lo que podía lograr.
La mala noticia, mi tía Chalita tenía cáncer. Hacía unos meses había ido a su casa, se fue a despedir de sus rosales, de sus cosas, de su espacio. Quizás ella no lo sabía pero yo si. Esa vez que la abracé percibí un aroma distinto en ella, aún no la consumía la enfermedad, aún tenía lucidéz, pero esa última vez la tenía guardada hasta hoy que la recordé.
Pasaron unos meses, fuimos a Hermosillo a visitarla, estaba atendida en casa de mi tío César. Yo me asusté nomás de verla, tenía la muerte en el rostro, era un ser distinto al que yo conocía, frágil, consumida. Me solté llorando y mi tía Alejandra y mi prima Lupita me sostuvieron. Tenía que ser fuerte y pasar a verla. Se me vienen los recuerdos y es inevitable llorar. Un 14 de agosto, el último día que la vi. No supe ni que decirle, era la primera vez que enfrentaba la agonía de tan cerca.
A los dos días ingresé a la universidad, fue un lunes 16 de agosto de 2004, Instituto Tecnológico de Sonora, Campus Nainari. Recuerdo que ese día el progenitor me llevó, iban mis niños y una vecina que trabajaba con el. Me sentí ajena a todo eso, un lugar enorme con muchos edificios, números, letreros, mucha gente joven, yo me había atrasado 10 años en llegar ahí.
Cambiamos a los niños de escuela. Melina no se sentía bien, era víctima de burlas en la anterior, somos crueles en la infancia. Su papá era el conserje, el de la limpieza y a ella le dolían las palabras ofensivas de sus compañeros. Fue una buena experiencia el cambio. A Manuel lo regresamos de año, necesitaba cursar nuevamente tercer grado, iba super mal. Así que inscribimos a Melina en quinto y a Manuel y Mary en tercero. Desgraciadamente el segundo día de clases llegaron llorando, mi tía Chalita había fallecido. Mi papá me avisó con un "Ya, hija". Desde entonces te hemos echado de menos, tía.
Primer semestre llevado a cabo, me sentía feliz y orgullosa, en diciembre ya tenía mis calificaciones, solo una materia en negativo, pero había otra oportunidad, nada que temer. Eran los primeros de diciembre y todo venía bien, nos cambiamos de casa, pasamos la primer Navidad ahí, yo deseando empezar de nuevo.
Me sentía feliz, por las tardes hacíamos cosas diferentes, las tardes no solo eran de televisión, ibamos al parque, podíamos estar cada quien en un espacio distinto dentro de la casa, sin apretujones. Llegó un semestre más, enfocarnos en que mis niños terminaran su año escolar. Hasta que un día, llegó mi mamá a casa.
Era Semana Santa y una tarde tocaron a la puerta, era Adriana, llevaba a mi mamá. Me sentí impactada con la inesperada visita, todo podía esperar menos eso. No pude recibirla bien, le pedí que se retirara. Adriana se sorprendió, mi mamá se victimizó, yo era la que nuevamente quedaba mal. No le conté nada de los sucesos anteriores a Adriana, ¿debí haberlo hecho? ¿Serviría de algo, me hubiese entendido? No lo se, no lo hice.
Lo que si sabía era que mi mamá estaba sola, que nadie quería estar con ella, menos yo. Que había corrido a mi papá y el simplmente ya no quería volver con ella. Ahora me tocaba además de ser mamá, estudiante y ama de casa, llevarle diariamente los alimentos a mi mamá, y era una rutina muy difícil para mi. Aún así, así terminé mi segundo semestre.
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